Dicha de la meditación
Lánguidamente, en brazos de la brisa
llegan los aromas de casia y pino.
El frío esplendor de laguna
baña el pórtico del templo.
En la falda de la quietud,
sentado está el ermitaño
que a mundos lejanos vuela.
Para él, todo sonido es silencio
y no hay nada más en absoluto…
Sólo un frescor que todo lo penetra.
Li F'eng
Poema taoísta tomado del Jardín de los inmortales (http://es.geocities.com/jardindelosinmortales), sitio dedicado a la poesía taoísta. Merece visitarse.

